Posteado por: Mario Enrique Sánchez | septiembre 29, 2008

El mítico punto G y el olvidado punto P

  Por Héctor Ledezma
tVa.com.mx
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La sexualidad esconde muchos mitos, muchos de los cuales carecen de respuestas; algunos buscan unas cuantas, creen lo que se les antoja y a veces hasta ponen en riesgo su relación y la misma sexualidad. No hay mejor cosa que conocer y experimentar, pues nadie aprende en cabeza ajena.

Las relaciones sexuales se miden muchas veces en orgasmos, si los hay, entonces fue satisfactoria, si no, todo lo contrario; es sabido que de un buen entendimiento sexual depende muchas veces la estabilidad de una relación, y si no existe, simplemente es una buena forma de experimentar y vivir la sexualidad plenamente.

Desde tiempos remotos, las mujeres han sido relegadas a segundo término, pues en muchas culturas han sido desde siempre meras hacedoras de hijos, lo que ha limitado su sexualidad, por lo que aventarse a conocerse, explorarse y disfrutarse es complicado.

Sabemos que las mujeres pueden experimentar múltiples orgasmos, y existe un punto de su cuerpo que se relaciona con esto, el mítico punto G. César Pérez, sexólogo y terapeuta nos comenta:

“Es una glándula que se localiza en la parte superior de la vagina, imaginemos que es un reloj, el punto G se encuentra entre las 11 y la 1, o sea, entre el hueso púbico y el cuello uterino.”

“Recibe su nombre de su descubridor, Ernst Gräfenberg, y el punto G se relaciona con la eyaculación femenina y los multirorgasmos, sin embargo, es importante decir que aún si no se conoce o se llega a él, se puede disfrutar de una relación sexual con orgasmos.”

Es sumamente sensible porque está rodeado de terminaciones nerviosas y la mejor manera de estimularlo es insertar uno o dos dedos algo doblados hacia arriba, o bien con una penetración por detrás durante el acto sexual.

Llegar al punto G no es tarea fácil, hay mujeres que se atreven a buscarlo y no lo encuentran, por lo que se aumenta el mito sobre si realmente existe, pero también hay quienes aseguran conocerlo y afirman que lo disfrutan más.

Está la sombra del miedo y el tabú, pues muchas mujeres no viven su sexualidad plenamente, no se tocan, no se exploran y no identifican lo que les gusta y lo que no. “El enigmático punto G, no cambia con la edad, ni el tiempo, y siempre se recomienda aventarse, y si se tiene pareja, jugar, vivir, y disfrutar del sexo.”

¿Y los hombres?

Si el punto G es enigmático, el punto P (equivalente masculino) es lo que le sigue; no es otro que la próstata, órgano masculino del tamaño de una nuez que produce entre otras cosas, el semen.

Su controversia se debe a que la única forma de llegar al punto P es mediante el ano, por lo que muchos hombres al relacionarlo con los hombres homosexuales se rehúsan a satisfacer y conocer ese punto, pues no pueden perder ni un gramo de masculinidad.

No sólo en hombres heterosexuales existe ese prejuicio, ya que a pesar de que en las relaciones homosexuales el sexo anal es muy importante, los llamados “activos” que son los que penetran, se niegan a esta actividad y con ello el conocer el punto P.

Muchos de los mitos y miedos vienen por cuestiones culturales y sociales, donde el hombre siempre es el que da y no recibe. Es difícil imaginar que puedan siquiera tocarse con el fin de estimular la próstata. Pero a diferencia del punto G, está comprobado que el punto P es causante de una mayor excitación, orgasmos más intensos y una eyaculación más potente.

Aún con ello, hay parejas heterosexuales que se animan a incluir entre sus prácticas sexuales la satisfacción masculina a través del punto P, pero para ello se necesita mucha madurez, confianza y, ¿por qué no?, una terapia para aprender y comprender que el estimular el punto P no convierte a los hombres en homosexuales: “Hay que basarse en la parte fisiológica, pues es placentero, las parejas que se animan son pocas; otras, se asustan, pero los que lo hacen no pueden negar la satisfacción”.

Cada uno decide cómo vive su sexualidad, cómo experimenta y cómo la disfruta. Buscar, encontrar y estimular tanto el punto G como el P depende de la persona, de su madurez y sus propios prejuicios.

fuente: http://nathanieleo.blogspot.com/


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