Posteado por: Mario Enrique Sánchez | julio 16, 2008

Odisea en Microbus!!

Por Mario Enrique

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2008-02-20

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Entre tanto que suben o no los precios del transporte público e incluso con el recién estrenado autobús para mujeres, me vienen a la mente una serie de situaciones e incidentes comunes que se han convertido en todo un hábito.

Para muchos, viajar en el microbús (la micro o pesera, como le quieras llamar), se ha convertido en todo un espectáculo forzoso, al ser el único medio para desplazarse.

En el Estado de México, el servicio tiene un costo de 4.50 pesos, mínimo, y en el Distrito Federal cuesta alrededor de 2.50 pesos. Este “cover” te da derecho a incidentes molestos, desafortunados e incluso desagradables, sobre todo en “hora pico”.

Entre arrimones y “caballeros”

El “arrimón”, bendito entre algunos hombres y odiado por las mujeres, es un elemento característico y casi obligado; y es que cuando uno se aventura a subirse en un micro, aparte de que las mujeres tienen que aguantar el acercamiento indeseado de algún depravado, hay que sumarle la experiencia de sentirse apretujado, pisoteado y toqueteado.

En estos días, encontrar un “caballero” es casi imposible; recuerdo muy bien que cuando subía una dama a la “pesera”, y no encontraba lugar, “el caballero” le cedía su lugar; lo mismo ocurría si alguien del sexo femenino subía con bolsas o con bebés; hoy, lo más habitual es encontrar a un hombre que le cargue al niño, las bolsas o que se haga el dormido para no cederle el lugar.

No sólo te transporta, también entretiene

Si pensabas que viajar en microbús era cuestión de subirte y aburrirte en lo que llegas a tu destino, te equivocas. Muchas veces y en diferentes rutas, hay artistas callejeros que ambientan el viaje, hay desde payasitos, ventrílocuos y hasta músicos versátiles.

Ahora que si te gusta la velocidad, esto te interesa. A los microbuses no sólo les basta la adrenalina de esquivar obstáculos y pelearse por el pasaje, también les encanta superar los límites de velocidad.

Por si te da hambre ¿Hora de la comida y sigues en el micro? No te preocupes; en todo viaje no puede faltar el clásico vendedor de cacahuates, pepitas, gomitas, muéganos, alegrías, etcétera. En la “vendimia” hay dos tipos de vendedores, el típico de ”hay gomitas, pistaches, llévese 1×3 pesos y 2×5” y el “queridos pasajeros, no vengo a mentirle, ni a robarle, acabo de salir de un centro de rehabilitación y vengo a ofrécerles –equis producto-, si no con lo que guste cooperar”.

Los taloneros

Con esto de la inseguridad ya ni los microbuses están a salvo, ya que los asaltos a mano armada son habituales, a estos se les han unido otros sin tanta violencia. ¿Les ha tocado los típicos chavos que se suben a observar a todo mundo y pedirle dinero al chofer? Pues bueno, estos nuevos asaltantes son conocidos como los “taloneros”; por lo general, suben y se avientan un discurso “de miedo”, son “recién salidos de la cárcel, niños de la calle, están en centros de rehabilitación o ayudan a chavos con adicciones”.

Las de cajón

Si te gusta la música, y no llevas tu iPod, no te preocupes. La mayoría de los microbuses están equipados con sonido, puedes escuchar grandes melodías tipo guaracha, electrónica y, si bien te va, lo más selecto de la música pop.

Otras de las incomodidades son las personas que se quedan dormidas; hay quien de plano se acurruca en el vidrio y hay otros que toman de almohada la panza de la persona de lado; todo está bien, mientras no baben o se pongan a roncar.

Otra situación que no entiendo, son los chavos que van colgados y acompañan al chofer: “el súbale, súbale”. ¿Aparte de gritar, qué función tienen?

Ya por último, los asientos: ¿A quién no le ha tocado un asiento envuelto en cinta canela? y ni qué decir de aquellos que aparentan ir vacíos y cuando te acercas te das cuenta de que están en el piso o que no tienen cojines, por cierto, ¿se acuerdan de los asientos para tres personas?. Pero a todo esto, no pueden negarme que el peor lugar para sentarse es la parte trasera, es más extremo que ir en la parte delantera de una montaña rusa, entre tanto salto, tope y enfrenon.

Y tú, ¿ tienes una historia de micro?


Responses

  1. Los microbuses son tierra fértil para diversas historias, aunque el viaje en sí, debo confesarlo, es desagradable las más de las veces. Mi recuerdo más horrible y simbolista que tengo de un pesero, es un destartalado micro ‘hechizo’ que en el techo tenía pintado un Jesucristo sangrante que decía en letras góticas “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Macabro y nada subliminal si te dijera cómo conducía el chofer.


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